El Tata

Tuve un sueño espantoso, se me apareció don Miguel, el de las cajetillas de Cigarros: echaba humo por el orificio en la Garganta y de pronto sonaba como un tren. Chiki chi, chiki cha, chiki chum, chum chum, chiki, chuki chum, chi chi chi. Se acercaba cada vez más, el viejo estaba en pelota y corría a prisa, yo empecé a correr también, a arrancar específicamente. (O sea el viejo es feo, tira humo por la traquea y me perseguía en pelotas; sería pesadilla el asunto pero no iba a arriesgar la integridad). Aquí el sueño se torno especialmente extraño, de pronto ambos corríamos, como en cámara lenta, íbamos más rápido; pero por algún misterioso prodigio del inconciente, íbamos más lento. Estoy de acuerdo, incluso en mi tribu esto es considerado raro. La única explicación que tengo es una alteración neuroespacial debido al choque emocional de la escena, que provocó un exceso de endorfinas y adrenalina; esto hizo que el corazón se acelerara, imprimiendo una falsa sensación de velocidad, aun cuando la escena era efectivamente más lenta. Como cuando Alicia se hacía más pequeña al hacerse más grande. ¿O no era así? (La otra explicación es que mi inconsciente quería que el viejo me alcanzara pero es una teoria medio maraca, dejémosla de lado) En fin me estoy distrayendo y no es el tema, retomemos: La escena se vuelve más rápida y más lenta a la vez (ahora incluso suena bien, no digo yo, las contradicciones del lenguaje) y de fondo comienza a sonar una música. (Los sueños con banda sonora son lo último en interactividad no conciente) Una musiquilla muy familiar aunque en un comienzo no la podía reconocer. “Una cuncuna amarilla… debajo de un hongo vivía”. ¡La cuncuna amarilla de telón de fondo a la persecución! Era espeluznante, tratando de arrancar a mil por hora, y experimentando a la vez la sensación de cámara lenta, con el viejo del pucho detrás (que es como el reloaded del viejo del saco) y amenizado todo esto por Mazapán. Uf, Espeluznante, horrible, girardiano.
El viejo maraco trataba de acercarse demasiado a mi oreja (eso no es viril, no señor, no al menos en mi tribu) y yo corría más rápido (¿más lento?) y cómo que me susurraba algo, pero al viejo se le entiende poco, reconozcámoslo. Yo igual trataba de prestarle atención que en mi tribu somos gente respetuosa; pero a su distancia, que no soy weon tampoco. En fin, el viejo se esforzaba tanto que yo pensé, “Don Miguel quizás me quiere decir algo; para que tanto esfuerzo, si tampoco estoy tan rico”. Me di vuelta y Don Miguel venía corriendo vestido de viejo pascuero, con el orificio en la traquea echando humo, casi me alcanzaba al punto que yo respiraba puro humo. Decidí pararme y enfrentarlo – pensé- si tiene algo que decir lo escucharé, quizás sólo quiera darme consejos de salud pública- pensé también- Ahora si el viejo cochino, tiene malas intenciones obligado a sacarle la chucha no más, si al final no puedo arrancarte de un viejo maricón y enfermo, si por algo soy un hombre hecho y derecho- Pero justo, justo cuando pensé eso, la canción llegaba a ese momento en que la cuncuna se transforma en mariposa - pensé, -chucha capaz que a mi inconsciente le guste el hueveo- así que seguí corriendo no más –dije- de ahí que termine la canción, le pego al viejo-. Yo hace poco que sueño con banda sonora, pero en general hay alguna relación entre la música y lo que sucede, entonces mejor dejar pasar la musiquita de la mariposa y esperar algo así como Rage Again The Machine.
De pronto se produjo un silencio y una situación de tensión dramática increíble (así como Rafa Araneda anunciando un eliminado); justo entonces me di cuenta que Don Miguel me iba a alcanzar o algo peor y como la música había dejado de sonar me paré en seco. Entonces el viejo a la pasada me planta sendo palmazo (véase golpe, cachuchazo, cachamal o wate) y con frenético esfuerzo saca la voz “Arranca conchetuma…”. Yo que le hago caso a la gente mayor (excepto en eso de fumar) arranqué con fuerza, y ahora mano a mano, corriendo ambos, yo trataba de preguntarle de qué arrancábamos, pero el caballero experimentaba serias dificultades para hablar debido a su penosa enfermedad (nótese la evolución del personaje), aunque corría como endemoniado.
Hasta el momento, no me había fijado en el paisaje; pero en ese momento me di cuenta que estabamos corriendo como en un corredor sin puertas. Me di cuenta de ello porque por fin ví una puerta y se me ocurrió ocultarme, cerrada y luego otra y otra, innumerables puertas cerradas. Sólo nos paramos, no dabamos más. Y el viejo me dice “tamos muertos hueon, tamos muertos” Tranquilo Don Miguel, si tamos soñando. El viejo me agarra del cogote y me dice “que estamos muertos hueón”- Yo me acordé en ese momento que soy colocolino (La Rio, es como la caverna de Lascaux para mi tribu) y le increpe “Weno con quien vení a ponerte brígido, relaja la vena tata, no vengai na-ni-na-ni-na-pa-acá y la wea, ah” (toy medio fuera de forma lo reconozco, pero el anciano modificó su actitud ) y añadí –además yo taba arrancando de vo, o sea por la impresión me comprende (no le dije eso de que primero andaba en pelotas para no darle ideas), me refiero –añadí- a que anda ahí con el oyito al aire (mala frase, ahora que lo pienso); - o sea –proseguí- usted sabe lo de las cajetillas, igual da miedo eso. Usted por ahí hablando como Vader que le voy a explicar…..De pronto lo miro al viejo y chucha era Pinocho, no el de madera, no; Pinocho el viejo malo, el original, el cuco, el natre, el que debería salir en las cajetillas y ahí si que me dio juelepe; putas se me había olvidao que le tenía miedo al viejo. El viejo me mira y me dice “Tamos muertos”.
Desperté más asustado que la cresta, transpirando, agitado: ahora sí que no fumo más


